🦋 DE ORUGA A MARIPOSA 🦋 ¿Quién eres cuando te quitan los títulos, los logros y las heridas?

                ¿Quién soy?  Es una pregunta que me hice decenas de veces a lo largo de mi adolescencia.

                 Desde los 13 años comencé una batalla silenciosa con mi identidad. Quería saber quién era realmente, cuál era mi valor y qué sentido tenía mi existencia. Buscaba respuestas en mis capacidades, en mis logros, en la aceptación de los demás y hasta en mis sueños. Sin embargo, cada vez que intentaba responder esa pregunta, mi respuesta era confusa. En muchas ocasiones, simplemente era silencio.

                 Con el tiempo entendí que una de las mayores dificultades que enfrentamos como seres humanos es vivir sin saber quiénes somos. Cuando desconocemos nuestra identidad, terminamos permitiendo que las circunstancias la definan por nosotros.

            Entonces comenzamos a creer que somos nuestros errores, nuestras heridas o nuestros fracasos. Pensamos que somos el divorcio que atravesamos, la pérdida que sufrimos, la traición que nos marcó o la condición que nos limita. Poco a poco dejamos que experiencias temporales se conviertan en etiquetas permanentes.

              Para mí, la respuesta comenzó a tomar forma cuando me encontré con Cristo. Allí descubrí que mi identidad no dependía de mi pasado, de mis éxitos ni de mis caídas. Comprendí que mi valor no estaba determinado por las circunstancias, sino por el amor con el que fui creada.

          Entendí que antes de cualquier título, profesión, relación o logro, soy hija de Dios.

               Quizás algunos de ustedes compartan esta fe y otros no. Pero independientemente de nuestras creencias, creo que todos podemos coincidir en algo: ninguna persona debería definir su valor por sus peores momentos.

                 🦋 Pienso en la oruga. Durante una parte de su vida se arrastra lentamente por el suelo. Si alguien la observara únicamente en esa etapa, podría pensar que esa es toda su realidad. Sin embargo, dentro de ella existe un diseño mayor. Aunque hoy se arrastre, fue creada para volar.

                   En esta aventura de la vida también vivimos procesos que no reflejan nuestro destino. Hay temporadas de dolor, incertidumbre y espera que puedan hacernos olvidar quiénes somos. Pero el proceso no define el propósito.

 Por eso es importante recordar que:

 

 * Una caída no nos define.

* Un error no nos define.

* Una pérdida no nos define.

* Una decepción no nos define.

 

💛 Somos más que nuestras circunstancias.

               La pregunta más importante no es únicamente “¿Quién soy?”, sino también: “¿Desde dónde estoy construyendo mi respuesta?”

            Si la construyes desde tus heridas, vivirás limitado por ellas. Si la construyes desde la opinión de otros, dependerás constantemente de su aprobación. Pero si la construyes desde la verdad, el propósito y el valor que hay en ti, comenzarás a caminar con mayor libertad.

           Mi fe me enseñó que soy hija de Dios y que fui creada con propósito. Esa verdad transformó la manera en que me veo a mí misma y la forma en que enfrento los desafíos de la vida.

               Hoy te invito a dejar atrás las etiquetas que otros te han puesto, las que nacieron de tus errores, de tus heridas o de las circunstancias que has vivido.

         🌱 Atrévete a descubrir tu verdadera identidad, esa que va más allá de tus éxitos y fracasos, de tus fortalezas y debilidades. Porque fuimos creados para mucho más que simplemente sobrevivir; fuimos creados con propósito.

 ☁️             Y mientras recorremos el camino de esta vida, aprendiendo, creciendo y descubriendo quiénes somos realmente, no olvidemos que esta tierra no es nuestro destino final. Nos espera un mejor lugar: el Cielo.

 

             📖 «Antes de formarte en el vientre, ya te había elegido; antes de que nacieras, ya te había apartado; te había nombrado profeta para las naciones.»

Jeremias 1:5 (NVI)

 

Con cariño,

 

 

Nataly Paniagua ✍️

 

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