🦋 DE ORUGA A MARIPOSA 🦋 Saliendo del abandono: lo que aprendí al mirar unas ruinas

SALIR DE LAS RUINAS

¡Bienvenido, octubre! Por la gracia de Dios nos encontramos nuevamente, abriendo las puertas a 31 días, 744 horas y 44,640 minutos de nuevas oportunidades. En este mes de otoño, cuando las hojas caen y la naturaleza se prepara para renovarse, te invito a que juntos miremos hacia adentro y descubramos qué necesita ser cuidado, restaurado y devuelto a la vida. ¡Gracias por acompañarme una vez más en esta aventura de crecimiento!

La lluvia caía. Desde donde me encontraba, miraba la construcción de una antigua empresa, un lugar donde alguna vez hubo un banco. Hoy solo quedaban ruinas, una sombra de lo que fue algo majestuoso en otro tiempo. El moho, el descuido, la grama cubriendo y piezas rotas por demás, eran la evidencia de cómo algo puede ser muy hermoso, estar en altura, pero por abandono convertirse en algo no tan bello.

Mientras veía la lluvia caer sobre aquellas paredes, pensé en todo lo que ese lugar llegó a guardar. Personas entrando con sus ahorros, sus sueños, sus planes. Un sitio donde se cuidaban tesoros, y que nadie terminó cuidando.

Y entonces la lluvia me habló a mí. Porque yo misma me he sentido en abandono en algún momento. No por fuera, sino por dentro. Es que realmente las cosas que no se cuidan y mantienen pueden terminar así.

En esta aventura llamada vida, el abandono rara vez llega de golpe. Llega con una oración que dejamos para mañana. Con un sueño que guardamos en la gaveta. Con una herida que no atendimos. Con un corazón al que dejamos de regar.

Poco a poco, el moho comienza a cubrir. Descuidamos nuestra fe. Descuidamos nuestra salud. Descuidamos nuestra familia. Descuidamos nuestra paz. Hasta que un día nos miramos al espejo y apenas reconocemos la belleza que hubo allí.

Y no siempre es por maldad. A veces es cansancio, prisa o la creencia de que lo que una vez fue fuerte se mantendrá solo. Pero nada florece sin cuidado.

Aquella tarde, frente a esas ruinas, también recordé que para Dios una ruina no es el final de la historia. Él entra a los lugares que otros dieron por perdidos y comienza a reconstruir. Y lo que parecía el final puede convertirse en el inicio de una transformación.

No fuimos creados para el abandono. Fuimos creados para florecer.
No fuimos creados para cubrirnos de moho. Fuimos creados para brillar.
No fuimos creados para vivir en ruinas. Fuimos creados para las alturas.

Hoy quiero invitarte a salir del abandono y de toda ruina en la que te puedas encontrar. Pregúntate con honestidad: ¿qué área de mi vida he dejado de cuidar? Pues no se puede restaurar lo que no se reconoce. Luego, quita la primera capa de grama. No tienes que reconstruirlo todo hoy. Basta con un paso: retomar esa oración, hacer esa llamada pendiente, agendar esa cita médica, abrir de nuevo esa carpeta de sueños.

Invita a Dios a la reconstrucción y comprométete con el mantenimiento. Lo que cuidas a diario no se convierte en ruina.

Quizás hoy te sientes como aquel banco bajo la lluvia: lejos de la altura que un día tuviste. No te quedes ahí. Es tiempo de permitir que Dios restaure lo que parecía perdido.

☁️ Y finalmente, sigamos cuidando y restaurando, mientras esperamos nuestro destino final: el Cielo. Y allí sí que la ruina no tiene lugar.

📖 _« Reconstruirán las ruinas antiguas, y restaurarán los escombros de antaño; repararán las ciudades en ruinas, y los escombros de muchas generaciones» _ . Isaías 61:4 (NVI)

Con cariño,

Nataly Paniagua ✍️

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