Viaje al centro del motor chino (parte 2): he visto el futuro de los coches en Pekín y sí, es eléctrico (y chulísimo)

840_560-13

Recuerdo cuando estuve en Dubái y asistí a GITEX, la feria de tecnología más grande del mundo con sus 230.000 metros cuadrados de stands repartidos en varios pabellones. Aquello me pareció absolutamente inabarcable, incluso teniendo dos o tres días para visitarla con relativa calma. Era algo absolutamente demencial.

Tres años más tarde no he amanecido en Dubái, sino en Pekín.

Y si los 230.000 metros cuadrados de GITEX fueron abrumadores, los 380.000 metros cuadrados del Salón del Automóvil de Pekín, los 1.451 coches expuestos, los 181 coches nuevos, los 71 coches conceptuales y las 200 ruedas de prensa son, directamente, misión imposible.

Necesitaría una semana para recorrer los dos pabellones que dan forma a este evento, pero apenas he tenido unas horas. Tampoco es que haya necesitado mucho más.

No solo porque el 99% de los coches que he visto aquí no llegarán a España, que también, sino porque basta darse una vuelta por los stands de Chery, Xiaomi, BYD, Geely, Changan, Nio, Xpeng y compañía para descubrir que el futuro del automóvil no lleva sello europeo, sino una bandera china que se luce con orgullo.

La muestra más clara de que algo está cambiando y de que el sector está avanzando es la expectación. He asistido a infinitos eventos de tecnología, desde el CES al IFA pasando por el MWC o GITEX.

Llevaba años, muchos años, sin ver colas para entrar en un stand, para hacerle fotos al último producto lanzado por una empresa. Aquí pues bueno, esta fue la rueda de prensa del Grupo Chery.

Mientras que la tecnología de consumo se ha convertido en una comodity, en tanto que todo el mundo tiene un móvil, un portátil, un reloj y unos auriculares, los coches están transaccionando.

Hablar de coches es, quizá, quedarse corto, porque lo que Pekín me está enseñando es que el coche esta pasando a ser un gadget. Ya no es solo una cuestión de consumos, acabados y carrocería. Aquí hablar de un coche pasa por hablar de conectividad, de potencias de carga, de ecosistema, de infoentretenimiento.

Mientras que la tecnología pasa ahora mismo por un momento de relativo estancamiento, reduciendo la innovación a mejoras incrementales en aspectos concretos, el motor es todo lo contrario. El sector vive uno de sus mejores momentos en materia de variedad, capacidad y tecnología.

La gasolina, o mejor dicho, la electricidad que impulsa esta trayectoria tiene sello chino.

Me pregunto, ahora que veo en primera persona el poderío de empresas como BYD, Chery, Nio y compañía, si esto nadie lo pensó cuando los fabricantes vendieron su capacidad a largo plazo por beneficios a corto plazo.

¿Nadie pensó que China, que requiere una asociación con un socio local y la cesión de propiedad intelectual a cambio de poder vender en su enorme país, iba a dar un puñetazo sobre la mesa algún día? ¿Que, en algún momento, iba a querer dejar de fabricar para otros para coger lo aprendido, mejorarlo, optimizarlo y venderlo por sí misma?

Seguro que externalizar el moldeado, la producción de piezas y la ingeniería permitió mantener los precios bajos y aumentar la competitividad antaño, pero ahora el tablero ha cambiado.