Morante de la Puebla recibe el alta tras su grave cogida en Sevilla: continuará la recuperación en casa
El diestro Morante de la Puebla saluda durante la lidia de su segundo astado durante el festejo de la Feria de Abril celebrado este jueves en La Maestranza
El torero Morante de la Puebla ha recibido este viernes el alta hospitalaria tras varios días ingresado en Sevilla a consecuencia de la grave cogida sufrida durante la jornada inaugural de la Feria de Abril. Según ha informado el diario El Mundo, el diestro abandona el centro médico después de haber superado las primeras 72 horas críticas posteriores al percance y “continuará su recuperación en casa”, donde permanecerá bajo cuidados y supervisión médica.
El incidente que provocó su ingreso tuvo lugar el pasado 20 de abril en la Real Maestranza de Sevilla, donde se vivieron momentos de máxima tensión. Los asistentes al festejo temieron por la vida del torero al presenciar la dureza de la cogida. El parte médico emitido entonces por el cirujano jefe de la plaza, Octavio Mulet, describía una lesión de especial gravedad: “Herida por asta de toro en margen anal posterior con trayectoria de unos 10 cm, lesionando parcialmente musculatura esfinteriana anal y con perforación en cara posterior de recto de 1,5 cm”. La situación obligó a una intervención quirúrgica de urgencia en la propia enfermería del coso sevillano.
Tras esa primera operación, el torero fue trasladado a un hospital de la capital andaluza, donde ha permanecido ingresado hasta este viernes 24 de abril. En las últimas horas, los informes médicos apuntaban a un cambio positivo. De hecho, el propio doctor Mulet ya había señalado previamente que el paciente había “mejorado favorablemente”, lo que ha permitido tomar la decisión de concederle el alta.
La noticia ha sido confirmada también por su entorno más cercano. Su apoderado, Pedro Jorge Marques, explicaba al Diario de Sevilla: “Nos marchamos para casa”. Además, ofrecía más detalles sobre el estado anímico del diestro y los motivos de su traslado: “José Antonio está muy animado dentro de la importancia que tiene este percance; la cornada es la que es pero, al no presentar fiebre ni mayores complicaciones, hemos decidido marcharnos a casa para ir cogiendo fuerza”.
De este modo, Morante de la Puebla continuará su recuperación en su domicilio, ubicado en La Puebla del Río, donde contará con el apoyo de su familia. Allí estará acompañado por su esposa, Elisabeth Garrido, con quien contrajo matrimonio en 2010, así como por sus hijos: Lola y María, de 13 y 16 años respectivamente, y José Antonio Morante Jr., fruto de una relación anterior.
Por el momento, no hay una fecha definida para su regreso a los ruedos. El torero tenía compromisos previstos en las próximas semanas, entre ellos una cita destacada el 10 de mayo, pero su participación queda en el aire a la espera de su mejoría La prioridad ahora es su completa recuperación tras una lesión que, por su localización y características, requiere especial precaución.
El contexto taurino actual se ha visto marcado por varios percances de gravedad en la misma plaza sevillana. Uno de los más recientes ha sido el protagonizado por Andrés Roca Rey, quien también sufrió una cogida de extrema dureza días después. En su caso, el parte médico detallaba una lesión de gran alcance: “Herida por asta de toro, en cara interna, tercio superior del muslo derecho que presenta una trayectoria total de 35 cm, con una descendente de 20 cm y una ascendente de 15 cm, que produce extensa rotura de músculos vasto interno y sartorius, disecando y contundiendo en prácticamente toda su extensión el paquete vasculo-nervioso femoral superficial”.
El diestro peruano fue intervenido igualmente por el doctor Mulet en la enfermería de la Maestranza y, tras ser estabilizado, trasladado en ambulancia a un hospital sevillano con pronóstico “muy grave”. Ambos episodios han puesto de relieve, una vez más, la peligrosidad inherente al toreo y la exigencia extrema a la que se enfrentan los profesionales del sector.
En el caso de Morante, el alta hospitalaria supone un paso importante dentro de un proceso de recuperación que aún será largo. Aunque la evolución inicial invita al optimismo, los especialistas insisten en la necesidad de prudencia. El torero afronta ahora una etapa clave en la que deberá centrarse en su recuperación física, rodeado de los suyos y alejado, por el momento, de la actividad en los ruedos.
