El peaje de Carolina Yuste ante el vértigo de la fama: “A veces en el pecho no me cabe gestionar esa emoción”

69d758f15a2e1.r_d.978-435-0

Una de las mayores satisfacciones para una persona que se dedique al mundo de la interpretación es sentirse reconocida por su público. Lograr esa sensación de haber hecho bien su trabajo es más que gratificante, un éxito que muchas veces va de la mano con el reconocimiento de la propia industria. Sin embargo, llega un punto en el que todo puede llegarse a desdibujar, y así le pasó a Carolina Yuste.

La actriz se ha pasado por El Faro de Mara Torres para hablar de su experiencia y ha confesado algunas cuestiones que ha tenido que trabajar con el paso del tiempo. ”Cuando me dieron el Goya por La infiltrada pensé que no me llamarían más, para qué me iban a querer”, se ha sincerado. Una gestión emocional que ha tenido que afrontar para poder salir del vértigo que en ocasiones puede generar la fama.

Fue en 2019 cuando, gracias a su papel en la película Carmen y Lola, alcanzó la fama nacional al hacerse, a su vez, con su primer Goya. Desde entonces, su popularidad ha ido in crescendo hasta convertirse en una de las actrices más queridas de la industria actual. Un breve recorrido profesional en el que ha tenido que aprender a gestionarse a sí misma.

Al recordar estos últimos seis años, Carolina no ha podido hacer más que ofrecer un gran suspiro y una sonrisa nerviosa que ha demostrado la dureza de este proceso, pese a la felicidad que siente a su vez. “Yo creo que han sido como un relámpago, ha pasado rapidísimo. Siento que voy transitando las cosas que estoy haciendo, pero a la vez hay una especie de disociación de la realidad por todo lo que está pasando”, ha reconocido con sinceridad.

Tal ha sido el nivel de trabajo y de éxito que ha tenido en este breve espacio de tiempo, que ella misma ha asegurado que en ocasiones necesita sentarse unos minutos para poder asimilarlo. Si algo tiene claro es que, por el momento, no ha tenido la capacidad de entender todo lo que le ha sucedido en estos últimos años al no poder alcanzar ese nivel de control emocional necesario.

“Creo que lleno el espacio de las cosas que voy viviendo y a la vez siento que no me da tiempo a posarlas muchas veces en el cuerpo”, ha continuado. Una sensación que ha sabido llevar mejor gracias a su propia familia, tanto la que se elige como la que no se elige: “De las cosas que he hecho en mi vida, esas que a veces en el pecho no me cabe gestionar esa emoción, es de mi gente, del amor que siento de los vínculos honestos que he conseguido crear”.

Una serie de reflexiones a las que se une su sensación de extrañeza al haberse visto envuelta de forma tan abrumadora en su propia profesión. Si bien siente que sí pertenece a ella, al haber podido trabajar incansablemente en lo que más le gusta, siente de alguna forma que no logra encajar en la imagen que se proyecta sobre una actriz de su calibre.