Caprice, ‘sex symbol’ de los 90, contrató a tres cazafantasmas y un rabino para ‘desencantar’ su casa de Notting Hill
Caprice Bourret, en una imagen de archivo.
La modelo británica Caprice Bourret se convirtió en un rostro habitual en los 90. Con más de 350 portadas de revista —Vogue, GQ, Cosmopolitan, Playboy…— su estatus de sex symbol quedó consolidado. Entrado el siglo XXI, y cumplida la treintena, llevó su talento a los escenarios (protagonizó en Londres los celebrados Monólogos de la vagina) y encontró el éxito como empresaria con su propia línea de lencería.
Como celebridad, Caprice se ganó un cierto derecho a la extravagancia. Y lo ha ejercido: la modelo ha explicado en The Times que descubrió que su casa de Notting Hill estaba “encantada”. Para desencantarla, explica, “hice venir a tres cazafantasmas y a un rabino; dos de los cazafantasmas salieron corriendo. Les dije: '¡Os he pagado, no podéis iros así!'”.
Caprice lamenta en el rotativo británico que los cazafantasmas —que no concreta dónde encontró— “cobran unas 300 libras [casi 350 euros] cada vez y hay que pagar por adelantado”.
La modelo no contempla la posibilidad de que los autodenominados cazafantasmas fueran en realidad devotos de Woody Allen, en concreto de su comedia Toma el dinero y corre.
La modelo presume hoy en día de su habilidad financiera. Desvela que compró, en 2016, una casa en Ibiza, que vendió con un gran margen de beneficio. Ese negocio le permitió adquirir la casa encantada de Notting Hill sin esfuerzo. “En esencia, me salió gratis”, dice.
Caprice, en todo caso, señala que su mejor virtud financiera es ser “ahorradora”. “Vengo de un entorno humilde y sé lo que es vivir a base de pad thai y bagels cuando no tienes dinero para comprarte una comida de verdad. Cuando pasas por eso durante tantos años, aunque luego empieces a ganar dinero, nunca se te quita”, concluye.
