El costoso divorcio de Devers y Medias Rojas un año después

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San Francisco lo coloca en el mercado, Boston perdió, pero quedó menos tocado

Esta semana se cumplió un año de que los Medias Rojas de Boston sacudieran los cimientos del béisbol al bajar de un avión al dominicano Rafael Devers, el jugador alrededor del cual una de las franquicias más emblemáticas de los deportes construía un ambicioso proyecto de Serie Mundial a corto plazo. 

Esta semana, los Gigantes, el equipo que adquirió al toletero y que creyó hizo un buen negocio, anunciaba en privado a periodistas con gran audiencia que Devers estaba disponible para ser canjeado a quien ofreciera algo importante. La aventura puede que haya durado solo 12 meses.

En junio de 2025, el antesalista e ícono de la franquicia que lo reclutó con 16 años en Samaná y una década después lo ató por 313.5 millones de dólares, fue enviado a San Francisco en un canje que pretendía redefinir el futuro de ambas organizaciones. 

Doce meses después, los modelos predictivos de la oficina de Boston y el optimismo corporativo en la bahía se han estrellado contra una cruda realidad: el impacto del intercambio ha sido un fracaso absoluto para los dos bandos.

Para Boston, desprenderse de Devers significó el colapso de su ofensiva. La gerencia, liderada por Craig Breslow, justificó la transacción bajo la premisa de ahorrar más de 250 millones para firmar a Alex Bregman. Sin embargo, el plan falló cuando Bregman rechazó la oferta debido a una cláusula de no cambio y terminó en los Cachorros. 

Hoy, los Medias Rojas navegan por debajo de .500 (29-40), hundidos en el fondo de su división y sufriendo una de las peores sequías de carreras en las Mayores.

Por el lado de San Francisco, la adquisición que el gerente Buster Posey catalogó como la llegada de un auténtico líder se ha transformado en un lastre financiero y deportivo. Desde la llegada de "Carita", los Gigantes registran una deprimente marca de 69-93 y el bate del ahora inicialista no ha encendido. 

Aunque el dominicano cumplió inicialmente en 2025 al conectar 20 cuadrangulares y aceptar mudarse a la primera base, su rendimiento en 2026 ha caído en picada. Con un alarmante declive en su porcentaje de embasarse y su tasa de boletos, Devers ha sido parte central del desplome ofensivo de un equipo que ya levantó la bandera blanca.

El panorama para los de la bahía es sombrío. A Devers aún se le adeudan más de 220 millones de dólares por las próximas siete temporadas y media. Con un jugador limitado estrictamente al rol de bateador designado y con sus métricas en terreno negativo, San Francisco ha hipotecado su flexibilidad financiera hasta el año 2043 por un pelotero que ya no marca diferencias. 

Al final, el canje que prometía salvar a dos franquicias solo ha dejado un tendal de despidos, promesas lesionadas y dos equipos estancados en la mediocridad. En el béisbol moderno, la matemática no siempre sustituye al talento.

En San Francisco están dispuestos a absorber parte de lo que se le adeuda a Devers, cuyo aporte apenas es un 1 % por encima de la liga (OPS+ de 101), pero a los 29 años su talento no puede haberse agotado. La operación inicial no ha funcionado.