Hablamos con los ojeadores de startups: «Ahora hay dinero en todos lados y si tienes una empresa de calidad, vas a tener muchos fondos esperando»

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Como los ojeadores de clubs de fútbol o de baloncesto, los fondos de inversión y las grandes empresas recurren a una figura con idéntico propósito. Son los ‘scouts’ o ojeadores de startups. Su misión: encontrar empresas prometedoras cuando aún no han sido descubiertas, ser los primeros o de los primeros en invertir o colaborar con ellas. En plata, llegar antes que nadie.

“Estos programas de ‘scouts’ se popularizan durante el 2021-2022 aproximadamente, en plena histeria de valoraciones de compañías tecnológicas. Es una época de bonanza para los fondos, que empiezan a ver que los múltiplos por ingresos de las compañías empiezan a crecer muy rápido”, apunta Kintxo Cortés, en referencia a que el entusiasmo inversor daba como resultado que cada vez hubiera que multiplicar los ingresos de las empresas por un número más alto (x4, luego x6, luego x11…) para llegar a su valoración.

Como referencia, los actuales 5 billones de dólares de capitalización de Nvidia equivalen a multiplicar sus ingresos anuales por 20. En el caso de Alphabet, matriz de Google, la cifra saldría de multiplicar la facturación por 11 y en el de Apple, por 10. 

“En venture capital lo que está pasando es que el dinero es un commodity. Hay fondos muy buenos, así que no es solo una carrera de ver quién encuentra la empresa que mejor crece sino quién entra más temprano en una empresa prometedora”, explica Cortés, que es ojeador desde hace cuatro años. Actualmente colabora con los fondos Accel y Samaipata, además de trabajar en la compañía de conectividad Gigs. “Ahora hay dinero en todos lados y si tú eres emprendedor y tienes una empresa de calidad, vas a tener muchos fondos que van a querer meterte dinero”.

En un entorno como el que dibuja Cortés, los fondos de inversión solo pueden diferenciarse de dos formas. Una de ellas es con su equipo de profesionales, capaces de apoyar de manera adecuada a la startup. La otra es con la velocidad. Quien llega antes al emprendedor tiene ventaja a la hora de invertir. Así que los fondos han diversificado su búsqueda de proyectos con potencial. El objetivo es entrar muy pronto en el capital, aunque sea con una posición pequeña.

Y aquí es donde se despliega la actividad de los ojeadores. Son especialistas y conocen al dedillo el ecosistema de emprendimiento en ciertas áreas o nichos. Permiten a los fondos ganar una capilaridad de la que no disponen solo con su plantilla. Así tienen acceso a mayor número de empresas y pueden atisbar lo antes posible a equipos prometedores operando en sectores interesantes. 

Aunque este perfil de ojeador no es el único que otea el panorama en busca de startups atractivas. Gema García González, directora de Open Innovation y Coporte Venturing de Repsol, tiene a su cargo un equipo de diez personas dedicadas a reforzar con recursos externos el desarrollo tecnológico de la compañía. “Intentamos ser flexibles, trabajamos con otros centros de investigación, con otras corporaciones y, por supuesto, con startups. El ecosistema emprendedor tiene muchas piezas, ha crecido mucho en los últimos años y nos puede aportar mucho en desarrollos que nosotros queremos acelerar”, expone.

En este caso los ojeadores están en plantilla. Así, la compañía ha invertido en más de 35 startups y a día de hoy trabaja con 21 empresas, detectadas por su servicio de analistas. “Nosotros no invertimos en lo que puede invertir cualquier fondo de inversión, invertimos en algo que pueda ser estratégico para la compañía, en startups con las que queremos colaborar”, señala García González.

Los ojeadores de Repsol, que trabajan en el marco de su centro de I+D, Tech Lab, peinan el ecosistema emprendedor en busca de proyectos de economía circular, optimización energética o hidrógeno renovable. 

“Mi equipo tiene que dedicar una parte de su tiempo a estar muy conectado con el ecosistema. Necesita tener una buena red de contactos con otras corporaciones, con otros fondos de inversión, ir a congresos y eventos de startups y ver qué plataformas son las mejores para lanzar retos tecnológicos”, detalla García González. Aclara que una de las fórmulas para encontrar proyectos interesantes es la puesta en marcha de concursos y desafíos que premian las mejores soluciones ante un determinado problema planteado.

La conexión con el mundillo emprendedor es esencial. En el sector tecnológico se ha acentuado una tendencia que se veía desde hace unos años. “Hay empresas que van muy bien en tecnología y tienen muchos empleados que empiezan a montar otras empresas porque tienen acceso a liquidez, ya sea porque la empresa sale a Bolsa o pueden mover participaciones en el mercado secundario”, cuenta Cortés. “Se encuentran con un montón de dinero y con ganas de seguir montando cosas”.

El fenómeno no es nuevo y recuerda al éxito de ‘PayPal Mafia’, símbolo de esa diáspora que a veces ocurre en las compañías tecnológicas. De ellas pueden surgir muchos empleados con talento y los bolsillos surtidos que deciden emprender. 

De los primeros tiempos de PayPal salieron Elon Musk, el fundador de LinkedIn Reid Hoffman o el inversor Peter Thiel. Y otros empleados iniciaron proyectos  de la talla de YouTube, Yelp o la aplicación social Slide, adquirida por Google. Más recientemente, la fuga de cerebros en OpenAI también ilustra cómo el talento dentro de una startup termina por generar otras startups. De ahí salieron los hermanos Amodei, que fundaron Anthropic, el ex jefe científico Ilya Sutskever (Safe Superintelligence) o la ex CTO Mira Murati (Thinking Machines Lab).

El gran valor de Kintxo Cortés para los fondos con los que colabora es su red de contactos con empleados y ex empleados de las empresas donde ha trabajado, sobre todo Airbnb, Shopify y Trade Republic. Esa conexión es clave para las entidades inversoras, que no tienen la estructura por sí mismas para bucear en los entresijos de los proyectos que forman ex empleados de las tecnológicas. Menos aún son capaces de discernir a qué empleados deben prestar atención, ya sea porque son los más avispados, los más talentosos o mejor posicionados.

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