Jennifer Lopez perdió la vista por agotamiento extremo: “De repente no podía ver”
Jennifer Lopez durante la promoción de su última película para Netflix
Jennifer Lopez es una de las grandes estrellas de las industrias del cine y la música. La artista de 56 años puede presumir de tener una carrera de casi treinta años con numerosos éxitos, como las películas Selena, Planes de boda o Estafadoras de Wall Street, así como temas icónicos como Let’s get loud, On the Floor o Jenny From The Block.
Esta semana, la cantante ha sido la invitada del podcast SmartLess, donde ha repasado los momentos más señalados de su carrera profesional y de su vida amorosa. Una charla donde ha hecho revelaciones muy impactantes, como cuando acabó hospitalizada por agotamiento extremo.
Lopez explica que fue en el 2002, uno de sus años profesionales más importantes, cuando tuvo este susto de salud. “Estaba haciendo Nunca más, creo que ya llevaba como cuatro películas seguidas. Además, había grabado mi segundo disco, el álbum J.Lo, que fue un éxito enorme”, apunta.
Un ritmo de vida que era muy intenso, ya que estaba completamente dedicada al trabajo. “Estaba rodando todos los días durante horas y horas. Después me iba al estudio por la noche y, los fines de semana, tenía promociones, grabaciones de videoclips o cualquier otra cosa. Y recuerdo que ni siquiera me di cuenta de que llevaba unos 98 días seguidos trabajando sin descansar ni un solo día”, apunta.
Pero notó que algo no iba bien cuando su cuerpo empezó a no responder. “Cada vez que caminaba hacia el set empezaba a notar que el corazón se me aceleraba un poco. Y llegó un momento en el que pensé: 'Vaya qué nerviosa estoy'. Estaba con la niña que aparecía en Nunca más y le dije: 'Lo siento, cariño, hoy me encuentro un poco rara'. Le dije: 'Estoy un poco cansada o algo'. Y ella me respondió: 'No pasa nada, vas a estar bien'. Pero la verdad es que no estaba bien”.
El episodio que fue definitivo se produjo al volver a su caravana tras rodar una de les escenas de la película. “Me senté y de repente no podía ver. Era como si algo se hubiera puesto delante de mis ojos y no pudiera enfocar bien. Y tampoco podía moverme”, recuerda.
En ese momento estaba acompañada por Arlene, una de sus amigas de toda la vida, que fue quien llamó al médico. “Le dije: 'Arlene, no puedo moverme. No puedo ver'. Y ella me respondió: 'Para ya, Jennifer, me estás asustando'. Entonces le dije: 'No, de verdad que no puedo moverme. Deberías llamar a alguien’”, afirma.
Cuando fue trasladada al hospital le preguntó al médico si se estaba volviendo loca y este le respondió que no, pero que tenía que reducir el ritmo de trabajo porque su cuerpo se había “apagado” por la falta de descanso.
