MLB: Los triunfos ya no son la principal medición para un lanzador

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En el 2010, el lanzador venezolano Félix Hernández ganó el premio Cy Young con un discreto récord de 13-12, superando a un rival con 21 victorias como CC Sabathia.. Esto demostró que la estadística más sagrada del béisbol estaba completamente fuera del control de un lanzador.

Durante más de un siglo, alcanzar las 20 victorias en una temporada garantizaba premios, y llegar a las 300 victorias en la carrera era un pase automático al Salón de la Fama.

Hoy en día, las directivas y los analistas modernos consideran que la victoria del lanzador es un concepto obsoleto y profundamente defectuoso, propio de una época pasada.

El problema fundamental de la estadística de "victoria" radica en que depende de factores completamente ajenos al control del lanzador.

El trabajo de un lanzador es eliminar a los bateadores y evitar que el equipo contrario anote. Sin embargo, para obtener una victoria, un lanzador también necesita que la ofensiva de su equipo anote carreras. Si un lanzador abridor lanza ocho entradas brillantes, permite solo una carrera, pero su equipo no anota ninguna, se le imputa una derrota.

Por el contrario, si un lanzador permite seis carreras en cinco entradas, pero la ofensiva de su equipo anota ocho, obtiene la victoria. Esta estadística a menudo refleja la calidad de la alineación del equipo en lugar de la calidad del brazo del lanzador.

Además, los cambios en la forma de jugar han alterado el sistema de adjudicación de victorias. Un lanzador abridor debe completar al menos cinco entradas y salir del partido con la ventaja. Si lanza siete entradas sin permitir carreras y se retira con una ventaja de 1-0, se lleva la victoria. Pero si un relevista permite un jonrón de dos carreras en la octava entrada, el abridor no obtiene decisión. Hizo su trabajo a la perfección, pero el fallo de otro le arrebató la victoria.

La victoria de Hernández en el premio Cy Young de 2010 marcó un punto de inflexión en la forma en que el béisbol evalúa a los lanzadores. Si bien no obtuvo victorias, lideró la liga en promedio de carreras limpias (2.27) y entradas lanzadas, y se ubicó entre los mejores en ponches.

Al votar por él, la cúpula del béisbol reconoció oficialmente que Hernández estaba siendo perjudicado por la ofensiva históricamente deficiente de su equipo, y no por su propia habilidad como lanzador.

Jacob deGrom reforzó posteriormente este cambio, al ganar el premio Cy Young de la Liga Nacional en 2018 con un excelente promedio de carreras limpias de 1.70, pero con un modesto récord de 10-9.

Hoy en día, los analistas se basan en métricas que aíslan el verdadero rendimiento de un lanzador de la defensa y el bateo de su equipo. Estadísticas como el WHIP (Bases por bolas y hits por entrada lanzada), la relación ponches-bases por bolas y el FIP (Fielding Independent Pitching) son los nuevos estándares.

El FIP solo mide los resultados que un lanzador controla directamente: ponches, bases por bolas, bateadores golpeados y jonrones permitidos. Las victorias siguen siendo de suma importancia para el equipo, pero atribuirlas a un lanzador individual ya no es la métrica para medir la grandeza.

A los que nos gusta estar buceando en las estadísticas del béisbol, siempre encontramos en el mundo de la numerología datos interesantes y uno de ellos es los jugadores que han logrado 5-5-5-5-5 (5 apariciones en el plato, 5 turnos oficiales, 5 hits, 5 anotadas y 5 remolcadas).

Al Simmons, de los Atléticos de Filadelfia vs. White Sox el 23 de junio de 1930.

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