Cambio de hora: ¿Por qué Europa no llegan a un acuerdo si su deseo es ponerle fin?
Basado en hechos observados y verificados directamente por nuestros periodistas o por fuentes informadas.
Elígenos como tu fuente preferida en Google.
Pese a que el Parlamento Europeo apoya poner fin al cambio de hora, los gobiernos no se ponen de acuerdo.
El próximo 25 de octubre España afronta un nuevo cambio de horario. Será en la madrugada del sábado 24 al domingo 25 cuando los españoles retrasen una hora a sus relojes. Un cambio que llegar concretamente a las 3 de la mañana. No obstante, muchas se preguntan hasta cuándo tendrán que seguir haciéndolo. Más del 60% de los españoles, según datos del CIS, quiere poner fin a que cada mes de marzo y cada mes de octubre tengan que cambiar el horario. Algo que el Parlamento Europeo apoya. Pero, ¿por qué no se ha puesto fin todavía?
El debate no es reciente, lleva sobre la mesa de la Comisión Europea desde 2018. Ocho años de discusión que todavía no ha llegado a la solución final. Ahora bien, el problema no es determinar el final del cambio de hora, sino qué horario es el que habría que elegir. Y, aquí, ya no hay tanto consenso.
Europa quiere poner fin al cambio de hora, pero la problemática se centra en el horario. Y esta decisión no se puede tomar sin el acuerdo de los gobiernos de los Estados miembros. Los motivos también se centran como es lógico en las horas de luz. Mientras que algunos países gozan de más horas, otros no tienen esa suerte.
El ejemplo es claro: los países del sur de Europa, como España, Italia o Grecia, prefieren el horario de verano, ya que sus tardes de sol son más largas. Pero esta situación no es la misma para países del norte, como los escandinavos o los bálticos, donde sus horas de mayor luz se concentran por la mañana y, por tanto, se prefiere el horario de invierno.
Aunque para muchos la solución es que cada uno escoja el mejor horario para su país, lo cierto es que la situación no es tan sencilla. La decisión para que la reforma no fuera un caos pasa por la coordinación de los Estados miembros, ya que horarios diferentes entre países podrían suponer un caos en materia de transporte, las aerolíneas, el comercio entre fronteras y los mercados económicos.
