«Cuanto más caro, más quieren la combustión»: en el camino al coche eléctrico, Audi ha descubierto una incómoda realidad
Audi rebusca en su pasado para dar un nuevo impulso a su imagen de marca. Lo hace apuntando hacia arriba, hacia segmentos superiores para atrapar a una BMW y Mercedes que parecen haberles dejado atrás. Lo hacen aprovechando colaboraciones con Porsche y Lamborghini.
Y lo hacen, sobre todo, revisando su estrategia hacia el «todo eléctrico».
¿No tocaba ya? En 2021, Audi anunció que se pasaba al «todo eléctrico». En marzo de ese año, la firma de los cuatro aros anunciaba que detenía el desarrollo de motores de combustión. Explicaban que con la futura norma Euro 7, el coste de desarrollo iba a ser tan caro que lo mejor era detener las inversiones. Podíamos esperar años de convivencia pero no habría más apoyo al diésel y la gasolina.
Poco después, en junio de ese mismo año, en Xataka nos hacíamos eco de las declaraciones de sus directivos a medios alemanes en las cuales se aseguraba que a partir de 2026 sólo fabricarían coches eléctricos. Sin más inversiones en coches de combustión, la compañía esperaba matar la producción de este tipo de propulsores apenas un lustro después.
Cinco años después de esas declaraciones, Audi presentó hace poco más de un mes el nuevo Audi Q9. Su nuevo buque insignia está claramente enfocado al público estadounidense y, desde luego, no han apostado por la electrificación: motor V6 TDI de 299 CV.
¿Y este cambio? El cambio por parte de Audi es muy sensato. En cinco años hemos visto cómo la mayoría de las marcas de coches han dado para atrás a su estrategia «todo al eléctrico». Muchas compañías pensaron que el abrazo a esta tecnología por parte de los clientes iba a ser más rápida. Sumado a las presiones políticas de la Unión Europea, no parecía compensar la inversión en nuevos modelos.
Pero Europa lleva retraso en su abrazo al coche eléctrico. Los fabricantes, que han visto sus cuentas tambalearse, consiguieron retrasar la imposición de multas por no cumplir con los límites de emisiones. Y aunque el coche eléctrico parece estar despegando definitivamente, todavía no estamos en los números esperados.
Ese retraso lo arrastran sobre todo los grandes gigantes alemanes.
El trío alemán. Como decíamos, las grandes firmas germanas han estado presionando lo indecible a la Unión Europea para que retrasara sus planes. Mercedes, como Audi, también apostaba por saltar al coche eléctrico. Y como Audi ha tenido que echar el freno y dar media vuelta.
BMW por su parte optó por una convivencia y una transición tranquila. Se plantearon el coche eléctrico como un producto totalmente diferente y para ello guardaron 10.000 millones de euros para su Neue Klasse. Al mismo tiempo, han mantenido el desarrollo de sus motores de combustión pero sólo de los más grandes y a los que más rédito económico pueden sacar.
Eso último ha tenido todo el sentido del mundo.
Más caro, más combustión. Es lo que ha dejado claro Gernot Döllner, CEO de Audi, en una entrevista a Bloomberg durante la prueba y presentación del Audi Nuvolari, el nuevo superdeportivo híbrido con motor V8 y 1.001 CV. En el medio estadounidense, Döllner ha sido claro: «cuanto más alto es el segmento, más ama el entusiasta al motor de combustión. Cuanto más bajo es el segmento, mejor se acepta al coche eléctrico».
Las declaraciones van en la misma línea de algo que ya aseguró Mate Rimac, dueño de una de las firmas eléctricas de lujo más avanzadas. Y también van en la misma línea de lo que ha experimentado Mercedes: cuánto más caro es el coche, más atractivo es el motor de combustión.
Al contrario, como afirma el propio CEO de Audi, cuanto más racional y fría es la compra, más peso gana la posibilidad de comprar un coche eléctrico. El motivo es sencillo: el ahorro con un coche eléctrico puede ser bestial. Y mucho más cuando el precio del combustible está por las nubes.
