El debate sobre la IA ya no enfrenta a optimistas y pesimistas. Enfrenta a empresas con miles de millones en juego
ChatGPT no llevaba ni seis meses en escena cuando el experto Eliezer Yudkowsky nos avisó de que la IA "nos mataría a todos". Su discurso catastrofista no fue el primero, pero sí reactivó la preocupación ante una amenaza real para la raza humana. Hoy dicha preocupación está en máximos históricos, al menos si uno hace caso de Amodei o Altman, que abogan por poner freno al desarrollo de la IA. De repente Anthropic y OpenAI se quieren volver cautas y piden la colaboración del Gobierno de EEUU, pero dicho gobierno no quiere ni oír hablar de esa opción. La razón es simple y tan antigua como el mundo: por el interés te quiero Andrés.
Quienes construyen la IA quieren pisar el freno. Todo empezó el fin de semana, cuando Dario Amodei, CEO de Anthropic, pidió abiertamente que se ajustase el ritmo de desarrollo de los modelos frontera ("We must pace the frontier", dijo). Sam Altman y su equipo se sumaron a la idea, al igual que Elon Musk, Demis Hassabis y, con matices, Satya Nadella —en Microsoft han publicado su propio manifiesto humanista—. Anthropic, OpenAI y Google incluso han discutido la creación de un organismo conjunto de seguridad, algo insólito teniendo en cuenta que todas estas empresas compiten por lograr dominar esta industria.
¿Necesitan al Gobierno de EEUU? OpenAI consultó al Congreso de EEUU para saber si existía la posibilidad de que varias empresas competidoras podrían coordinarse para ralentizar el desarrollo de la IA, y si eso vulneraría las leyes antimonopolio del país. El vicepresidente de EEUU, JD Vance, indicó que le resultaba extraño que las grandes empresas de IA pidieran al Gobierno que las regulase, y calificó la estrategia de un "troyano".
Frenar la IA puede ser muy rentable. Una regulación que obligue a realizar evaluaciones profundas y que establezca controles externos o procesos de seguridad puede ayudar a protegernos, pero también puede ser un obstáculo para quienes intenten cumplir todos los requisitos que impongan esas normas. O lo que es lo mismo: las pequeñas y medianas empresas y startups que tratan de avanzar en este campo tendrían una barrera de entrada enorme. Para el conocido inversor Michael Burry todas estas advertencias de Anthropic y de OpenAI no son más que un refuerzo para sus negocios y sirven para alimentar el relato de sus inminentes salidas a bolsa. Son valoraciones sin pruebas y para él la humanidad "no tiene nada que temer". Hay otro efecto claro de frenar la IA: Eso les daría oxígeno a OpenAI y Anthropic, que ciertamente agradecerían ese respiro.
No seáis dramáticos. Jensen Huang, CEO de Nvidia, ha rechazado frontalmente ese alarmismo y considera que ralentizar el desarrollo de la IA es un error. Su mensaje es claro: EEUU debe seguir acelerando ese desarrollo y para él las compañías de IA deberían "no exagerar tanto" (en sus palabras, "tone down the drama"). Durante su participación en el evento All-In Summit 2026 recibió la llamada de Donald Trump, y ambos parecían estar de acuerdo en que las advertencias de Amodei eran exageradas. La postura de Huang es lógica: Nvidia se dedica a vender la smáquinas necesarias para que esa carrera continúe, y como dice el analista Mike Issaac, Nvidia está tan condicionada por sus intereses como las demás. Esto va de dinero y poder, como casi siempre.
El incentivo de Trump es China. Según Trump dichas advertencias eran un "hoax", y en una publicación en la red social Truth el presidente de EEU afirmó que "¡el único control o salvaguarda que la IA necesita es un PRESIDENTE FUERTE E INTELIGENTE Alto CI!), y EEUU ya tiene eso, y de sobra!". El presidente estadounidense ha rechazado la idea de frenar y sostiene que "quien gane la IA, gana". Hacer algo así podría darle ventaja a China, aunque también hay muchos argumentos económicos en esos comentarios: la IA ha impulsado inversiones gigantescas en datos, chips y energía y todo ello es ahora motor de la economía estadounidense.
Una explicación sencilla para este lío. François Chollet, creador del ARC-AGI Prize, hacía un comentario muy interesante en X al decir que es peligroso tener que elegir entre dos explicaciones del tipo "esta persona cree sinceramente X y por eso quiere Y", o "La decisión X beneficia económicamente a esa persona". La razón es sencilla: ambas pueden ser ciertas, porque las personas suelen alinear sus creencias y sus intereses. En palabras de Chollet, se puede ser "sincero y tener intereses propios" al mismo tiempo.
Difícil solución. Empieza a estar claro que teniendo claro que todos tienen sus propios intereses, Así que tendremos que decidir cuánto de ese riesgo que impone el desarrollo de la IA estamos dispuestos a aceptar. Las personas que mejor concoen esa tecnología son también quienes pueden ganar o perder más con las reglas que adoptemos, y aquí lo difícil es distinguir las creencias y convicciones sinceras de ese interés propio.
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El debate sobre la IA ya no enfrenta a optimistas y pesimistas. Enfrenta a empresas con miles de millones en juego
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Javier Pastor
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