Megatiendas chinas transforman comercio en República Dominicana

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En San Francisco de Macorís, Macorisano Gran Mall ocupa unos 23,000 metros cuadrados, más del doble de la superficie aproximada del Estadio Julián Javier, casa de los Gigantes del Cibao. En La Vega, una clienta necesitó dos días para recorrer El Exitazo, un establecimiento de casi 16,000 metros cuadrados.

Los dos locales, de capital chino, ilustran una nueva etapa de este comercio en la República Dominicana: la expansión por todo el territorio nacional. El fenómeno dejó de concentrarse en pequeños establecimientos de los principales corredores de Santo Domingo. Ahora alcanza ciudades del Cibao, el este, el sur profundo y la Línea Noroeste, donde encuentra terrenos amplios, consumidores que antes viajaban a la capital y mercados menos saturados.

Como parte de su política de crecimiento, los inversionistas asiáticos suelen identificar aquellos lugares donde se instalarán grandes negocios de dominicanos. Luego, construyen una megatienda en las proximidades como ocurrió en Jarabacoa, La Vega, San Francisco de Macorís y en la autopista Duarte, entre otros casos. En Santo Domingo, tiendas dominicanas de data larga son rodeadas por varias chinas.

La red vial, portuaria y logística facilita la distribución hacia las provincias. Pero el tamaño es parte central de la fórmula, así como el tiempo en que un proyecto se convierte en realidad. Las grandes superficies reúnen en un solo lugar ferretería, hogar, ropa, belleza, tecnología y electrodomésticos.

Así compiten simultáneamente con varios comercios dominicanos especializados.

La escala también permite comprar más mercancía y reducir el costo unitario.

A esto se suman redes empresariales que comparten proveedores, financiamiento, logística e información sobre oportunidades. Para el comercio dominicano, la presión aparece en tres frentes: precios difíciles de igualar, una oferta muy amplia y menor capacidad para financiar inventarios o expandirse al mismo ritmo. Más que una suma de “tiendas chinas”, se consolida un modelo de importación, distribución y venta de gran escala.

El modelo adopta distintos tamaños. En Barahona, OMA tiene unos 2,000 metros cuadrados distribuidos en tres niveles. En La Vega, El Exitazo se acerca a los 16,000; y en San Francisco de Macorís, Macorisano Gran Mall ronda los 23,000 y su aprovisionamiento inicial necesitó al menos 200 contenedores.

En Santo Domingo Este, Suplax San Isidro, Home y Girasoles ocupan terrenos extensos con edificaciones bajas; mientras la sucursal de Suplax en la avenida Nicolás de Ovando destaca por una altura estimada entre siete y nueve pisos.

Las estructuras suelen ser metálicas, ligeras, de baja altura y gran superficie, lo que permite construir rápido y modificar el espacio. Algunos establecimientos cambian de almacén a ferretería o tienda de electrodomésticos y también sustituyen su nombre comercial. Esa flexibilidad dificulta seguir su trayectoria, pero les permite ajustarse con rapidez a la demanda de cada ciudad.

La trayectoria de Mars Wang ayuda a explicar el funcionamiento de esas redes. Antes de emigrar en 2012, era maestro en Wuhan y propietario de un colegio privado con 600 estudiantes. Tras venderlo, llegó al país y trabajó como supervisor en la tienda de un amigo en la avenida Duarte. Hoy posee siete tiendas en La Romana.

Wang explica que los nuevos comerciantes suelen apoyarse en familiares y amigos ya establecidos.

Estos los orientan sobre trámites, proveedores y mercado, y facilitan sociedades para abrir empresas. La ayuda es clave para quienes no dominan el español y enfrentan procedimientos administrativos prolongados. En su caso, una obra estuvo paralizada 60 días por desconocer que necesitaba un permiso del Ministerio de Vivienda y Edificaciones. Completar la tienda tomó un año y medio; instalar la mercancía y prepararla para abrir, solo 28 días.

Aunque Wang compró sus terrenos, señala que el alquiler es más común. Los empresarios localizan espacios mediante sus redes, intermediarios o propietarios dominicanos. Los grandes contratos suelen negociarse en dólares y el precio puede subir cuando se conoce el interés del comerciante chino.

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